Mayor incidencia de Enfermedades Inflamatorias Intestinales

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Diarreas, dolores abdominales, de espalda, musculares y articulares, problemas dermatológicos o pérdida importante de peso son algunas de las señales que pueden indicar una patología inflamatoria intestinal, como la enfermedad de Crohn o la colitis ulcerosa. Son patologías incurables, crónicas y degenerativas. Para concienciar a la sociedad, el pasado 28 de mayo se celebró el día mundial dedicado a estas afecciones que cada vez se relacionan más con población infantil y que tienen un gran impacto clínico, social y emocional.

Entre estas cifras figuran cada vez más menores de 5 años, de acuerdo con investigadores del Johns Hopkins Children’s Center (EE.UU.). Además, debido a que a menudo los indicios de alerta tardan en detectarse, muchos niños acuden a los gastroenterólogos después de meses de repetidas visitas a sus médicos de atención primaria, con síntomas que se atribuyen por error a una gastritis viral u otras patologías gastrointestinales.
Síntomas tardíos con efectos emocionales

Frecuentes diarreas con múltiples deposiciones diarias (en ocasiones, con sangre y mucosidad); incontinencia fecal; dolor abdominal constante, de espalda, renal, muscular y articular; problemas dermatológicos; fístulas anales y vaginales muy molestas y resistentes al tratamiento; y pérdida de apetito que provoca disminución de peso y estado general de debilidad, que se agrava por anemia, fiebre y absorción deficiente de los nutrientes esenciales.

Estos son los síntomas principales que alertan de una EII, bien sea enfermedad de Crohn o colitis ulcerosa, dos de las principales enfermedades englobadas en el concepto, ambas causadas por la inflamación de parte del tubo digestivo. Se diferencian sobre todo en la localización del daño. La primera afecta más al final del intestino delgado (el ilion) y el principio del intestino grueso (el colon), aunque también puede afectar a cualquier parte del sistema digestivo. Por otro lado, la colitis ulcerosa se limita al colon.

La sintomatología es recidivante, es decir, alterna períodos en los que el afectado se encuentra mal (brotes) con otros en los que los síntomas remiten. Esto ocasiona que haya días en que el paciente no tiene molestias y otros en los que es incapaz de llevar a cabo actividades cotidianas. Los brotes son impredecibles y generan, en ocasiones, angustia y miedo. Pueden limitar las tareas cotidianas del enfermo y afectar a su vida social.

En cuanto al tratamiento, algunos pacientes requieren fármacos de forma constante y nunca alcanzan una remisión completa. Incluso, en algunos casos resistentes al tratamiento farmacológico, debe recurrirse a la cirugía, irreversible, que obliga a una ostomía (abertura entre dos órganos).
Graves consecuencias a largo plazo

Estas enfermedades inflamatorias, sean de origen genético o a partir de factores medioambientales, pueden tener consecuencias graves a largo plazo, algunas de ellas limitantes, sobre todo en edades infantiles. Los pacientes pediátricos pueden realizar menos ejercicio, según un estudio reciente publicado en la revista “The Journal of Pediatrics” bajo el título “Exercise Capacity in Pediatric Patients with Inflammatory Bowel Disease”.

Además, los afectados tienen el doble de riesgo de desarrollar tromboembolismo venoso, en comparación con la población general, según un reciente estudio estadounidense publicado en la revista “Gut” y llevado a cabo a finales de 2010 en casi 50.000 personas. En este trabajo también se corroboró la idea de que los niños que la padecen muestran un deterioro de la capacidad de ejercicio aeróbico y anaeróbico, incluso cuando están en remisión.

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fuente: http://www.consumer.es/web/es/salud/problemas_de_salud/2011/06/27/201425.php

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